Mostrando entradas con la etiqueta funk rio de janeiro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta funk rio de janeiro. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de octubre de 2009

Brega S/A (1ª Parte)


Acabo a asistir, con mucho placer, a una función privadísima (yo solo, bah) del documental "Brega S/A" que hace pocos días se estrenara en la MTV Brasil y sus productores ya dejaron a disposición de quien quiera bajarla.
El film gira alrededor del tecnobrega.
¿Y qué es esto?, se preguntará qualquer um.
Bien, ya he escrito sobre el funk carioca, alguna otra vez sobre la música brega y en otra ocasión sobre los mestizajes increíbles que llevaron a reversionar, en Pará, al pinki floydi de The dark side of the moon. En el tecnobrega hay un poco de todo eso, porque parece que allá donde desemboca el Amazonas -en Belem do Pará- surgió hace poquísimos años este (no sé cómo describirlo) fenómeno musical-social-comercial inédito, que bebió del funk, de la música brega, del tecno y que se difunde gracias la piratería y los camelós (vendedores ambulantes).
Al documental se le nota que esta hecho con mucho talento, esfuerzo y respeto. Y aunque tenga momentos muy divertidos, no deja de ser una fuerte denuncia sobre la realidad de una capital como Belem, al que alguno de los entrevistados llama de "Calcuta brasileña".
Lástima que por ahora no tiene subtítulos, pero con un poquito de maña da pra entender.

Dice la gacetilla de prensa:

"Fue filmada entre los años 2006 y 2009. El documental "Brega S/A" habla sobre la escena tecnobrega de Belém do Pará. Hecho por artistas pobres, grabado en estudios montados en fundo de quintal (patios) y con relaciones profundas con la piratería y la informalidad, el tecnobrega es la banda sonora de la periferia de la ciudad, una especie de adaptación digital de la música romántica de los años 70 y 80.

En el film, vemos cual es la relación entre el tecnobrega y la popularización de la tecnología a partir de finales de la década del 90, como la manera como ese estilo musical se asoció a la piratería para crear una red de distribución alternativa al modelo propuesto por las grandes grabadoras.

Entre los principales personajes estan el MC de tecnobrega Marcos Maderito (el "Garoto Alucinado"), DJ Maluquinho (una especie de Iggy Pop brega de la periferia de Belém) y los DJs Dinho, Ellysson y Juninho, ídolos de las aparelhagens (enormes sistemas de sonido que realizan fiestas itinerantes por los barrios más pobres de la ciudad)".


Aquí el trailer:




Y aquí el enlace para bajarla por la mulita sino yendo por aquí.
En la próxima entrada, un trabajo de Hermano Vianna sobre el tema.

lunes, 5 de octubre de 2009

El funk carioca es cultura


Es sancionada en Río la ley que eleva el funk a movimiento cultural

Río - El gobernador Sergio Cabral firmó el pasado miércoles 23 de septiembre, el proyecto de ley aprobado por la Asamblea Legislativa (Alerj) que deroga la ley que imponía reglas estrictas para la realización de bailes funk en Río de janeiro.
El proyecto de ley, elaborado por Marcelo Freixo (SOL) y Pablo Melo (PMDB), fue aprobado por la Alerj el 1º de septiembre, con las galerías y escaleras del Palacio Tiradentes llenas de MCs y fans del funk.
Cabral también firmó el proyecto de ley que define al funk como movimiento cultural y musical de carácter popular.
Con la transformación del proyeceto en ley, corresponderá al poder público asegurar la realización de bailes y fiestas funk sin ningún tipo de reglas discriminatorias.
Los artistas del funk pasan a ser considerados agentes de cultura popular.
Lo curioso (o no): muchos de los diputados que ahora defendieron el proyecto, tiempo atras habían votado las reglas restrictivas...

Fuente: Funk de raiz

El video de un super clásico del funk


jueves, 10 de abril de 2008

Tropa de elite, favelado bueno es el favelado muerto

Oi galera.
Ya hablé bastante en la radio sobre Tropa de elite.
Hoy se estrena en La Plata.
Entonces, luego de leer un comentario sobre la peli en el diario Diagonales, firmado por Diego Rojas (¿debo aclarar que no me gustó para nada?), decidí tomarme el trabajito de traducir una excelente nota de Vito Giannotti, y que encontré buscando algo más que comentarios de fascista de barrio tipo: hay que matarlos a todos, etc etc etc.
Si leen la crítica del nuevo diario platense, tómense el trabajito de leer el siguiente artículo que rebate a todas y cada una de las afirmaciones del crítico. Y sino, leanló también que tanto me costó, je.
Si quieren ir a las fuentes, directamente:
http://desempregozero.org/2008/02/16/para-o-filme-
tropa-de-elite-%e2%80%9cfavelado-bom-e-favelado-morto%e2%80%9d/
(tómense la molestia de unir ambos renglones en su navegador)


Para el film TROPA DE ELITE “favelado bueno es favelado muerto”.
Por Vito Giannotti

“Homens de preto, qual é sua missão? É entrar na favela e deixar corpo no chão”.
(Hombres de negro, cual es su misión? Es entrar en la favela y dejar cuerpo en el suelo)

Comienzo este artículo copiando el encabezamiento de otros 2 artículos de los que más gusté en el mar de análisis sobre el filme Tropa de Elite. Claudia Santiago e Ivan Pinheiro inician sus textos reproduciendo el refrán cantado por los BOPE (Batallón de Operaciones Especiales que actúa en las favelas de Rio) en sus entrenamientos. Está ahí la línea general del film que, independientemente de las intenciones del productor y los actores, es un himno al Bope. En ese refrán está el mensaje central del film. Se discute mucho si el film es de derecha, si es fascista o nazi. Para mí, él contribuye para consolidar entre la población la idea de legitimidad de las acciones policiales que exterminan pobres y habitantes de favelas en Rio de Janeiro. Y hace esto en momentos en que militantes de derechos humanos traban, en la ciudad, una lucha para poner fin a esto.
Fruto de esta batalla, inclusive, fue creada la Red nacional de Periodistas Populares que, en su lanzamiento, contó con la presencia de la madre de una de las victimas de la violencia policial.
O sea, independientemente de la voluntad de sus ejecutores, el film sirve muy bien a las ideas que la derecha sembró: todo pobre es peligroso, es ladrón, es bandido. Todos, basta ser pobre, preferentemente negro, para ser, como mínimo, sospechoso.
Si la misión del Bope es entrar en la favela “y dejar cuerpo en el suelo”, el mensaje que el film da es que en la favela solo hay criminales, asesinos, traficantes que deben ser “dejados en el suelo”. Esta es la primera, la segunda, la tercera y la cuarta idea del film. Es la idea más nociva.
Ivan Pinheiro en su artículo propone una interpretación que comparto, sobre el resultado ideológico-político del film: “En cualquier país en que “Tropa de Elite” sea exhibida, principalmente en Estados Unidos y Europa, e fil estará contribuyendo para que la sociedades torne más fascista y más intolerante con los negros, los inmigrantes de países periféricos y delincuentes de poca monta”


Hay un hábito en Brasil de que nadie se asume como de derecha. Hoy esta costumbre se refuerza con eso de que “derecha e izquierdas no existen más”. Acabó todo. El film nos muestra que al contrario, la diferencia entre ambas está más viva que nunca.
Tropa de Elite no solo presenta, a través de la narrativa de la filosofía del Bope un gran cuadro de ideas de derecha, como las muestra de manera simpática, dinámica y las justifica. El público, obviamente, se conmueve con el policía con ataque de pánico, aunque este sea un torturador de hombres, niños y mujeres y asesino. Entonces justifica la barbaridad de los hombres de negro que tienen la misión e entrar en la favela y dejar cuerpos tendidos.
O sea, no interesa si a propósito o no, la película hace campaña y refuerza, en el corazón y en la mente de millones, ideas contra las cuales la izquierda debatió durante siglos.
En el artículo de Claudia Santiago sed detallan algunas de las ideas altamente nocivas del film. Ella afirma: “los miembros del Bope son mostrados como héroes incorruptibles, dispuestos a combatir el crimen a cualquier costo. Aunque esto sea condenar sin juicio, torturar niños e compañeras de traficantes y matar”. Para ella la práctica de la tortura, de la pena de muerte aplicada de manera informal, la ridiculización de la lucha por los derechos humanos son algunas de las varias lecciones de derecha que este film da a los espectadores. La culpa del narcotráfico arrojada en jóvenes estudiantes “macoñeros”, sin buscar a los grandes responsables por el tráfico (y que no quieren que este acabe) es otro punto fuerte del film.

Un punto de vista que defiende el exterminio de los habitantes de las favelas

La película tiene éxito por 2 motivos:
Trata el tema que más preocupa a la sociedad brasileña: la violencia y la seguridad.
Retrata y reproduce las ideas dominantes de la sociedad sobre la favela, los pobres, los negros, ideología que transmiten los Cuatro Jinetes del Apocalipsis de la comunicación de derecha nacional: Folha de S. Paulo, O Estadão, O Globo e Veja
La tapa de la revista Veja del 17 /10/07, no deja lugar a dudas: “Agarró a todos“
Y en seguida nos esclarece con el siguiente comentario: Tropa de elite es el mayor éxito de nuestra historia porque trata al delincuente como delincuente y al consumidor de drogas como socio de los traficantes.
……………………………………………………………………………………………
El film esconde la raíz de la guerra del tráfico
Desde las primeras escenas aparece la tal “guerra”. Guerra de quien contra quien? A quien le interesa esa guerra? Porqué no se acaba con esta guerra? La única solución que el film propone es el exterminio. De quien? De los generales de esta guerra? No. No hay jefes, no hay gente interesada en terminar esta guerra. Ella existe y listo.
Quien dice que la guerra tiene que existir? No hay otras hipótesis? No hay posibilidad que las drogas sean vendidas en droguerías? No existe la posibilidad, a través de la liberación, de acabar con el tráfico y toda esta guerra?
Mucha gente que cree que así disminuiría el consumo de drogas.
Ya se intento imaginar una sociedad sin tráfico….sin corrupción policial, sin armas contrabandeadas, sin coimas para abogados y jueces? Y, sin tráfico de drogas, qué pasaría con el lavado de dinero practicado por muchas empresas? Otra pregunta: el tráfico es coordinado por quién? Será que los jefes del ejército del narcotráfico son esos chicos de ojos vidriosos que están en lo alto de los morros dando tiros sin saber en quien y para qué?
La película no habla de esta parte de la realidad. Entonces no me vengan a decir que el film refleja la realidad. No. Reflejó la parte de la realidad que quería ver. La otra fue dejada en lo oscuro y no va a ser vista para quien asista al cine.
La imagen que deja es la del habitante de la favela, traficante. Este tiene que morir, porque los héroes que el film presenta para que la sociedad los idolatre, los Bope, vestidos de negro, continúan cantando que su misión es entrar en la favela y dejar cuerpos en el suelo. Cuerpo de pobre, evidentemente. No aquellos que viven de la guerra de los niños del tráfico contra los hombres de negro, que rinde miles de millones de dólares anuales para los verdaderos jefes del narcotráfico.

miércoles, 9 de abril de 2008

Baile funk


Cuatro de la madrugada. Barrio crápulabohemio de Lapa. La fila para entrar en el Club Six es descomunal. El ambiente noctámbulo está en su apogeo. Hip-hoperos, mujeres-tanga de ropa mínima, traficantes, humo de maconha (marihuana), prostitutas. La decadencia cool de Lapa no falla, y menos en una madrugada de funk de favela. La actuación de esta noche es estelar: Tati Quebra Barraco. La musa del momento. Fea, gorda, bajita. Provocadora. Quebrar o barraco significa en jerga de favela echar un polvo. Y es que esta regordeta deslenguada nacida en Ciudad de Dios se ha convertido en una verdadera antidiva que canta sin complejos canciones como ‘Soy fea pero estoy de moda’ o ‘Abre las piernas y mete la lengua’.
El paraíso del funky
El expreso Tati Quebra Barraco llega con puntualidad carioca: dos horas tarde. Rodeada de su turma (su equipo) de Ciudad de Dios. Algunos con cara de pocos amigos. Negros con collares de oro. Mafia style. La fila se alborota. Las seguidoras de Tati cantan uno de sus grandes hits: “Tengo fama de putona porque me como a tu macho, ahhhhhhh”. Bienvenidos al paraíso del funk, al freaky-infierno más molón de Río: el Club Six.
¡The show must go on!
Con todos ustedes, Tati Echa Polvos.
La putonasin- complejos se mueve con soltura en un kitschescenario de jaulas entre neones rojos. Los bafles escupen un ritmo endiabladamente caliente. “Yo hago el amor todos los días, estoy siempre preparada, si quieres follar conmigo, quédate a mi lado”. El personal enloquece. El sexo entra por los oídos. Por los ojos. Por el tacto. Ellas bailan a lo stripper: restriegan sus curvas en la entrepierna de los hombres. Algunas parece que follan con el hombre invisible. Culo adelante, culo atrás. Muchos machos-restriega-paquetes aprovechan. Culo adelante, culo atrás, ahhh. Tati pide un descansillo. Aprovecho para charlar con ella. El DJ pone un telón de fondo apropiadísimo. “Estoy ardiendo, estoy aguantando, ahhh, ahhh, me falta una mamada, ahh, ahhh…”. Funk 100%, pornolírica marginal pura y dura.
Tati se traga una birra casi de un trago. “¿Por qué va a ser el hombre quien lleva a la mujer a la cama? Yo siempre presumo de que tengo dinero para pagar el motel al hombre”, asegura. Se ríe. Y salta de nuevo al escenario frente a un público bastante calentorro. ¿Pero cómo pueden resistir esos meneos orgásmico-rítmicos? ¿Será por eso que los baños están hasta la bandera?
Bastardo style: ¿pero qué cojones es el funk carioca? ¿Algo que ver con James Brown? Negativo. Sí, todo empezó en los 70, en las fiestas de funk y soul de Río. Pero luego muchos estilos se mezclaron en la olla a presión de las favelas: Miami bass, hip hop, algo de samba, techno. Y así nació un producto 100% favela, el funk carioca, para el que sólo hace falta un ritmo electrónico potente, un sintetizador barato y una voz más o menos desafinada. Cero sofisticación. Pero mucho glamour.
Para entender esta receta sonoro-pélvica hay que sumergirse en los bailes funk que sacuden la periferia cada fin de semana. ¿Y quién se atreve a entrar en favelas donde ni la poli pone un pie? Primera Línea, of course. Pero con el mejor aliadoprotector posible: Catra. Nuestro pacto de caballeros: me infiltro con Catra y sus secuaces en su furgona durante toda una noche, de favela en fa- vela, a cambio de contar la verdad. Nada de criminalizar el funk, como hacen los medios brasileños.
Catra (37 años, 10 hijos, 7 ex mujeres) es la cabeza más visible del prohibidão, subgénero que ensalza las hazañas de los traficantes. Es el puto amo. Y su popularidad se nota. Viernes, dos de la mañana. Arranca el furgón del funk. Somos ocho. Uno canta. Otro conduce. Todos fumamos baseados (petardos de marihuana). Nos acercamos a Ciudad de Dios. Y llegamos. Welcome to Ciudad de Dios, cachaça, sexo y marihuana.
La sala Castelo das Pedras está a reventar, sobre todo de gatinhas (jovencitas provocativas). Apuramos un petardo. Y entramos. Nos re gistran. Dentro, varios gorilas vigilan subidos en plataformas. Al primero que pillen con arma, a la puta calle. Un DJ va calentando el ambiente: “Ahh, ahhh, estoy besando a tu marido, ahh, ahh”. De nuevo, un huracán de movimientos pélvicos. Una pareja se revuelca por el suelo, casi follando. Pero sólo están bailando. Y Catra salta al escenario armado de un micrófono. Los bafles escupen bases rítmicas. Catra salta, grita, ríe, denuncia. El público, en su bolsillo desde la primera rima.
Bye, bye, tropa, la furgona del funk nos espera. Rumbo a Botafogo, barrio pijo-fashion. Voy digiriendo el atracón de funk, entre chistes y petardos. El funk carioca suena simple, repetitivo, rítmico. Provocador. Y hasta grosero. Es la voz de los pobres. Como los soundsystems de Jamaica, el kwaito de Ciudad del Cabo o el regatón caribeño. Las letras combinan lo sexual y lo social. Y todo cocinado con garrafales errores gramaticales. ¿Y por qué ese fuerte componente sexual? Ejem, aquí se dice que el deporte nacional de Brasil no es el fútbol, sino el sexo. ¿Y por qué otras músicas no hablan de ello? Adriana Pittigliani, mánager de Catra, me responde dentro de la fumeta-furgo: “La favela fue excluida y creó su propio lenguaje. El funk es el subsconsciente colectivo de la sociedad. Habla de lo que la clase media no se atreve”.
Catra podría ser una excepción. Letras trabajadas, sociales. Aunque la clase pudiente le acusa de terrorista. Incluso fue procesado por apología al crimen. Él se defiende: “El crimen forma parte de la favela. No soy cómplice del crimen, soy cómplice de la favela”.

Lenguaje de favela
El Río de Janeiro de las postales va apareciendo al otro lado del cristal. Después del paisaje humano de la favela, se me antoja falso. Como retocado en el Photoshop. Parece una hipócrita animación en Flash: Ipanema, Copacabana, luna llena y guiris sonrientes. Final del trayecto, Botafogo. El pijerío-que-va-de-indie mueve sus caderas al son del funk. Con menos gracia que la tropa de favela. El Pão de Acúcar resplandece a lo postal: bajo la luna llena (ohh, casi lloro). Catra aterriza en el escenario. Como un vendaval. Arrasa. Y Adriana me confiesa por qué dejó una vida de fotera de éxito (la más chic de Río) por una nueva de productora de funk de favela. “El funk es la música más democrática del mundo. Es el chat de la favela, su Telediario, un cruce entre una Iglesia carismática y el carnaval”. Tienen razón. Ninguna música habría creado un grupo como la Gaiola das Popozudas (la jaula de las chicas sexys), un trío de mujeres que reclutó a una enana en un circo para la banda. El clímax de cada show es el striptease de la enana. Nuestra noche/peregrinación está cerca de su orgasmo funky. Ponemos rumbo al baile funk de la favela de Salguerio, un castillo inexpugnable para la clase media, fuerzas de seguridad y modernillos que van de guay.
¡¡Coca barata, coca!!
En el corazón de la favela. 3.30 h. Barrio de Tijuca, frontera con la favela de Salgueiro. La policía registra a todo el mundo. Todo en orden: ni armas ni drogas. Ahora nos adentramos en un territorio con reglas propias. Aquí no entra la policía. La seguridad corre por cuenta del patrão de la favela (el jefe de los traficantes). Y el lenguaje cambia. Sólo se habla giria (jerga) de favela. Los policías son cachorros. Los delatores son X9. El dinero, dindín. Y las mujeres atractivas son cachorras o popozudas.
Escalamos callejuelas retorcidas. En las esquinas, adolescentes con HK (fusiles en giria). Sólo hay que hacer la seña apropiada con lo faros de la furgona. Avanzamos y tachaán… Hemos llegado. Niños y adolescentes caminan bailando. Ellas con giros de cintura, ellos con movimientos pélvicos. El corazón de la favela se extiende como un videojuego de tres rombos: una explanada atiborrada sobre el horizonte nocturno de Río. De fondo, DJ Sanny pincha funk incombustible: “Somos fogosas, venga, ahhh, ahhh, rómpeme, para arriba, para abajo”.

Detrás de la pista de baile está el supermercado. Sacos llenos de cocaína, de marihuana. Traficantes con pistola o metralleta en el cinto. Gritos: “Coca barata, coca”. Todo en orden. Compramos maría. Mr. Catra se lanza al escenario. El público corea sus letras: “La favela no es sólo crimen, la favela también es arte”. Desoyendo el pacifismo de Catra, el comando de Salgueiro baila con sus pistolas al aire. Hacen un clásico trenecito bailongo. Pero con pistolas en las manos. Una me roza la nariz. Glup.

Bailo con Jamilly, una funkeira de 27 tacos. Bailamos entre pistolas. Y ahora es cuando echo de menos la famosa articulación de más que tienen todos y cada uno de los brasileños. Ejem, culo adelante, culo atrás. Algo no funciona. Necesito una caipirinha. A mi lado, dos adolescentes apistolados del Comando triunfan a la primera. Lanzaron el clásico “¿já foi ou já era?” (tipo ¿estudias o trabajas?). Ellas contestan a saco: “Demorou” (has tardado mucho). O sea, que follan todos. ¿Serán las pistolas? Necesito aire. Al lado del súper venden cerveza helada. Ancianos, adolescentes y niños desfilan tranquilamente por la madrugada. Vida comunal. Paz con pistolas. Río de Janeiro es una sábana sucia y arrugada a nuestros pies.

Rickson, un joven de 24 años, improvisa versos de funk mientras me ofrece el célebre calimotxo de favela: cachaça de garrafón con Coca-Cola caliente: “Yo soy afavelado y me llaman marginal, pero aquí todos saben que soy un hombre de verdad”. Son las seis de la mañana. Adriana sigue hablando con entusiasmo del funk, “la verdadera rave popular brasileña”. Otro baseado para el cuerpo. Amanece. Apuramos la Cachaça Cola. Se palpa algo extraño en el aire. Hay gente corriendo. Suenan tiros, bang, bang. Adriana me agarra del brazo: “Vámonos, ha pasado algo”. El funk acabó. El rumor se confirma: mataron a alguien. Corremos hacia la furgo. El primer sol le quita las legañas a Río con inocencia.

Catra aparece corriendo. Un grupo de gente armada hasta los dientes nos rodea. No sé si cuando estás a punto de morir ves tu vida en un segundo. Eso dicen. Yo sólo puedo asegurar que con cinco maromos apuntándome con Kalashnikovs, la última noche se convirtió en un jodido flashback de un segundo: culos, caderas, marihuana, gritos, risas, porno is in the air, más culos. Y sólo puedo decir que a pesar de todo, de los trenecitos-pistolas, de mi oxidación pélvica y de los tipos que ahora me apuntan, todo ha valido la pena. Con Catra, además, estamos condenados a un happy-end, hermano, soy Catra, vivamos en paz, claro, joder, sí, perdona tío, es que la poli ha entrado en la favela, iros por allí.

Renacidos, nos alejamos por callejuelas. Río vuelve a ser Río: un lienzo azul salpicado de rocas, una postal casi perfecta. Y sólo tenemos ganas de vivir, de vivir. De poner un CD de funk (“Venga, cristiano, arrodíllate y hazme una mamada, ahh, ahhh, ahh”), de follar o, en su defecto, de encendernos otro porro. Catra y sus secuaces cumplen su parte del trato: me dejan en la puerta de casa. Fin del trayecto.

Bernardo Gutiérrez (extraído de la revista Primera Línea, España)