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viernes, 20 de junio de 2008

Las muchas cruces que padecen las favelas de Río

Por Eric Nepomuceno
El pasado fin de semana tres jóvenes moradores de la favela del Morro da Providencia, en pleno centro de Río, fueron entregados por militares del Ejército a una banda rival, del vecino morro de la Mineira. Los militares actúan en la Providencia desde el pasado mes de diciembre para asegurar la implantación de un programa del gobierno federal destinado a mejorar la calidad de vida de sus moradores. Los tres aparecieron muertos en un basural en los suburbios. Un teniente, tres sargentos y siete soldados fueron denunciados a la Justicia. Es la primera vez que militares del Ejército son sorprendidos cuando entregaban moradores de una favela para ser juzgados y muertos por narcotraficantes de un grupo de otro morro. Hasta ahora, sólo se habían detectado casos de desvíos de armas y municiones de militares a traficantes. Se trata de un caso aislado, pero que abre una nueva –y pesada– amenaza a los habitantes de las favelas de la ciudad.
Desde hace poco más de año y medio, las favelas de Río de Janeiro son blanco de disputa entre narcotraficantes y milicias, grupos de policiales que, actuando por cuenta propia, los expulsan e imponen sus leyes, transformando la región en un negocio. Explotan el transporte local, la distribución de gas, la venta clandestina de conexiones ilegales de luz y televisión por cable, ofrecen protección a comerciantes. Cuentan con el respaldo de consejales y diputados estaduales, y a cada intento de represión reaccionan con muestras de poder que se traducen en el asesinato de algún comisario o el secuestro y tortura de periodistas. Cuando eso ocurre, como hace poco, la reacción de las autoridades es inocua. Al asesinato de un comisario siguieron algunas detenciones, pero sin afectar la estructura de poder y de acción de los milicianos. El secuestro y tortura de periodistas provocó una oleada de protestas de la prensa, pero la milicia siguió como antes.
La ciudad de Río de Janeiro tiene alrededor de seis millones de habitantes. En toda la ciudad existen unas 800 favelas, que abrigan a poco más de un millón y medio de personas y están distribuidas democráticamente por el mapa. En la dorada zona sur existen barrios elegantísimos –Leblon, Ipanema, Gávea– que cuentan con dos o tres favelas cada uno. Viven, lado a lado, la opulencia y la carencia, y la violencia es permanente. De esas favelas, alrededor de cien, todas viven bajo control de las milicias. Ninguna en la zona sur. Las milicias actúan básicamente en las favelas horizontales: en las otras, que crecen por los morros, los traficantes suelen establecerse en las alturas, en posiciones estratégicamente favorables para defenderse y defender su territorio. Invadirlas sería muy trabajoso.
Las favelas son de dos tipos: las verticales, construidas morro arriba, y las horizontales, terrenos planos, y que se sitúan básicamente en las zonas norte y oeste de la ciudad. Cidade de Deus es la más poblada y conocida de las horizontales. Esa es la única diferencia. Todo lo demás es igual. La casi totalidad de los habitantes de las favelas está formada por trabajadores, muchos venidos de otros estados, y que viven bajo una doble crueldad: son sometidos a las leyes brutales del narcotráfico o a la acción de una policía igualmente brutal, e invariablemente corrupta. Ahora se consolida una tercera vía: las milicias, que expulsan a los traficantes, dominan el espacio y casi no son molestadas por la policía, ya que se trata, al fin y al cabo, de colegas.
Ambos bandos imponen reglas que van del toque de queda y el exilio, a la ley del silencio. Son constantes las invasiones realizadas por grupos rivales interesados en ocupar espacios. Cuando eso ocurre, y ocurre a menudo, son noches de balaceras y mañanas con esquinas adornadas por marcas de tiros en las paredes y uno u otro cadáver a la intemperie, para servir de lección y advertencia.
Existe la policía formal, pero eso no significa otra cosa que una amenaza más. Cuando entra en una favela, actúa de manera perversa: todos los moradores son sospechosos, cualquier puerta puede ser tumbada a patadas, cualquier rostro puede ser destino de cachetadas y humillaciones, cualquier movimiento puede justificar un disparo. Los muertos son siempre culpables.
El habitante de una favela de Río nunca sabe a quién temer más, si a un criminal de civil o a uno uniformado. Los del tráfico suelen permanecer más tiempo. Los otros, los uniformados, vienen, atropellan, humillan, matan y se van.

Un miliciano en un puesto de observación en una favela.
Foto: Luis Alvarenga

El actual gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, ha lanzado una política que significa enviar a las favelas efectivos policiales especialmente truculentos, cuya acción registró un aumento de casi 40 por ciento en el número de muertos a lo largo de los últimos dos años. Los muertos, en la mayoría de los casos, eran ciudadanos comunes y corrientes, pero favelados, es decir, sospechosos. Mientras tanto, la acción de las milicias se extiende y se consolida.
Un programa financiado por el gobierno del presidente Lula da Silva prevé obras de estructura y urbanización en muchas favelas de Río. Sería la primera vez en más de dos décadas que se propone algo que no se limite a la pura represión policial, es decir, un programa de rescate social de la población. Precisamente en uno de los morros donde se implanta el programa el Ejército entregó tres jóvenes a los narcotraficantes. Los mandó a la muerte, sin contemplación.
Se espera que a las tres cruces que amenazan a los favelados –narcos, la policía disfrazada de milicia y la policía formal– no se sume una cuarta, la del Ejército como cómplice de los métodos de tráfico. Sería demasiado para los habitantes de esas amplias zonas de miseria, abandono y humillación incrustadas en la ciudad, que insisten en sobrevivir.
Eric Nepomuceno: Escritor y periodista brasileño. Su último libro es O massacre.
Fuente: Página 12

jueves, 10 de abril de 2008

Tropa de elite, favelado bueno es el favelado muerto

Oi galera.
Ya hablé bastante en la radio sobre Tropa de elite.
Hoy se estrena en La Plata.
Entonces, luego de leer un comentario sobre la peli en el diario Diagonales, firmado por Diego Rojas (¿debo aclarar que no me gustó para nada?), decidí tomarme el trabajito de traducir una excelente nota de Vito Giannotti, y que encontré buscando algo más que comentarios de fascista de barrio tipo: hay que matarlos a todos, etc etc etc.
Si leen la crítica del nuevo diario platense, tómense el trabajito de leer el siguiente artículo que rebate a todas y cada una de las afirmaciones del crítico. Y sino, leanló también que tanto me costó, je.
Si quieren ir a las fuentes, directamente:
http://desempregozero.org/2008/02/16/para-o-filme-
tropa-de-elite-%e2%80%9cfavelado-bom-e-favelado-morto%e2%80%9d/
(tómense la molestia de unir ambos renglones en su navegador)


Para el film TROPA DE ELITE “favelado bueno es favelado muerto”.
Por Vito Giannotti

“Homens de preto, qual é sua missão? É entrar na favela e deixar corpo no chão”.
(Hombres de negro, cual es su misión? Es entrar en la favela y dejar cuerpo en el suelo)

Comienzo este artículo copiando el encabezamiento de otros 2 artículos de los que más gusté en el mar de análisis sobre el filme Tropa de Elite. Claudia Santiago e Ivan Pinheiro inician sus textos reproduciendo el refrán cantado por los BOPE (Batallón de Operaciones Especiales que actúa en las favelas de Rio) en sus entrenamientos. Está ahí la línea general del film que, independientemente de las intenciones del productor y los actores, es un himno al Bope. En ese refrán está el mensaje central del film. Se discute mucho si el film es de derecha, si es fascista o nazi. Para mí, él contribuye para consolidar entre la población la idea de legitimidad de las acciones policiales que exterminan pobres y habitantes de favelas en Rio de Janeiro. Y hace esto en momentos en que militantes de derechos humanos traban, en la ciudad, una lucha para poner fin a esto.
Fruto de esta batalla, inclusive, fue creada la Red nacional de Periodistas Populares que, en su lanzamiento, contó con la presencia de la madre de una de las victimas de la violencia policial.
O sea, independientemente de la voluntad de sus ejecutores, el film sirve muy bien a las ideas que la derecha sembró: todo pobre es peligroso, es ladrón, es bandido. Todos, basta ser pobre, preferentemente negro, para ser, como mínimo, sospechoso.
Si la misión del Bope es entrar en la favela “y dejar cuerpo en el suelo”, el mensaje que el film da es que en la favela solo hay criminales, asesinos, traficantes que deben ser “dejados en el suelo”. Esta es la primera, la segunda, la tercera y la cuarta idea del film. Es la idea más nociva.
Ivan Pinheiro en su artículo propone una interpretación que comparto, sobre el resultado ideológico-político del film: “En cualquier país en que “Tropa de Elite” sea exhibida, principalmente en Estados Unidos y Europa, e fil estará contribuyendo para que la sociedades torne más fascista y más intolerante con los negros, los inmigrantes de países periféricos y delincuentes de poca monta”


Hay un hábito en Brasil de que nadie se asume como de derecha. Hoy esta costumbre se refuerza con eso de que “derecha e izquierdas no existen más”. Acabó todo. El film nos muestra que al contrario, la diferencia entre ambas está más viva que nunca.
Tropa de Elite no solo presenta, a través de la narrativa de la filosofía del Bope un gran cuadro de ideas de derecha, como las muestra de manera simpática, dinámica y las justifica. El público, obviamente, se conmueve con el policía con ataque de pánico, aunque este sea un torturador de hombres, niños y mujeres y asesino. Entonces justifica la barbaridad de los hombres de negro que tienen la misión e entrar en la favela y dejar cuerpos tendidos.
O sea, no interesa si a propósito o no, la película hace campaña y refuerza, en el corazón y en la mente de millones, ideas contra las cuales la izquierda debatió durante siglos.
En el artículo de Claudia Santiago sed detallan algunas de las ideas altamente nocivas del film. Ella afirma: “los miembros del Bope son mostrados como héroes incorruptibles, dispuestos a combatir el crimen a cualquier costo. Aunque esto sea condenar sin juicio, torturar niños e compañeras de traficantes y matar”. Para ella la práctica de la tortura, de la pena de muerte aplicada de manera informal, la ridiculización de la lucha por los derechos humanos son algunas de las varias lecciones de derecha que este film da a los espectadores. La culpa del narcotráfico arrojada en jóvenes estudiantes “macoñeros”, sin buscar a los grandes responsables por el tráfico (y que no quieren que este acabe) es otro punto fuerte del film.

Un punto de vista que defiende el exterminio de los habitantes de las favelas

La película tiene éxito por 2 motivos:
Trata el tema que más preocupa a la sociedad brasileña: la violencia y la seguridad.
Retrata y reproduce las ideas dominantes de la sociedad sobre la favela, los pobres, los negros, ideología que transmiten los Cuatro Jinetes del Apocalipsis de la comunicación de derecha nacional: Folha de S. Paulo, O Estadão, O Globo e Veja
La tapa de la revista Veja del 17 /10/07, no deja lugar a dudas: “Agarró a todos“
Y en seguida nos esclarece con el siguiente comentario: Tropa de elite es el mayor éxito de nuestra historia porque trata al delincuente como delincuente y al consumidor de drogas como socio de los traficantes.
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El film esconde la raíz de la guerra del tráfico
Desde las primeras escenas aparece la tal “guerra”. Guerra de quien contra quien? A quien le interesa esa guerra? Porqué no se acaba con esta guerra? La única solución que el film propone es el exterminio. De quien? De los generales de esta guerra? No. No hay jefes, no hay gente interesada en terminar esta guerra. Ella existe y listo.
Quien dice que la guerra tiene que existir? No hay otras hipótesis? No hay posibilidad que las drogas sean vendidas en droguerías? No existe la posibilidad, a través de la liberación, de acabar con el tráfico y toda esta guerra?
Mucha gente que cree que así disminuiría el consumo de drogas.
Ya se intento imaginar una sociedad sin tráfico….sin corrupción policial, sin armas contrabandeadas, sin coimas para abogados y jueces? Y, sin tráfico de drogas, qué pasaría con el lavado de dinero practicado por muchas empresas? Otra pregunta: el tráfico es coordinado por quién? Será que los jefes del ejército del narcotráfico son esos chicos de ojos vidriosos que están en lo alto de los morros dando tiros sin saber en quien y para qué?
La película no habla de esta parte de la realidad. Entonces no me vengan a decir que el film refleja la realidad. No. Reflejó la parte de la realidad que quería ver. La otra fue dejada en lo oscuro y no va a ser vista para quien asista al cine.
La imagen que deja es la del habitante de la favela, traficante. Este tiene que morir, porque los héroes que el film presenta para que la sociedad los idolatre, los Bope, vestidos de negro, continúan cantando que su misión es entrar en la favela y dejar cuerpos en el suelo. Cuerpo de pobre, evidentemente. No aquellos que viven de la guerra de los niños del tráfico contra los hombres de negro, que rinde miles de millones de dólares anuales para los verdaderos jefes del narcotráfico.